El 22-M los partidos andaluces se enfrentan al veredicto de las urnas pero
también someten a examen su credibilidad. Los políticos son percibidos por los
ciudadanos como el tercer problema de España, por detrás únicamente del paro y
de la situación económica. Es decir, en realidad son el segundo gran problema
tras la economía.
Si bien últimamente iniciativas en las redes sociales como
#nolesvotes y movimientos de protesta como el del 15-M y la nueva formación política Podemos amenazan con remover los
cimientos del sistema y están obligando a los políticos, cuando menos, a hacer
una reflexión, lo cierto es que el ciudadano tiene poco margen de maniobra para
hacer llegar su descontento a los 'próceres' de la patria. Habida cuenta de que
estos sólo parecen preocupados por las urnas, analizamos las diferentes
posibilidades de 'protestar' en ellas.
VOTO EN BLANCO
Se considera votar en blanco cuando se acude al colegio
electoral (o se vota por correo) y se deposita en la urna un sobre que no
contiene ninguna papeleta.
El voto en blanco es fruto de una reflexión sobre la clase
política, normalmente de un ciudadano concienciado que se esfuerza en trasladar
su poco interés por la oferta electoral. Es decir, acepta el sistema, pero no
le convence ninguna de las formaciones que concurren. De hecho, en España se ha
constituido un movimiento -Ciudadanos en Blanco- que defiende el cómputo de
estos sufragios en el reparto de escaños con el objetivo de dejarlos vacíos.
Pero, mientras la Ley Electoral no se modifique -y no tiene
visos de que así vaya a ser- los votos en blanco sí afectan al resultado final,
en perjuicio de los partidos minoritarios. Suman en el total de sufragios sobre
el que se calcula la distribución de escaños y, en consecuencia, elevan el
listón electoral mínimo para entrar.
En las elecciones generales, un partido necesita el 3% del
total de votos para obtener representación. En los comicios locales, este
'listón' sube hasta el 5%. Por ejemplo, para que un partido esté en las Cortes
Valencianas, si han acudido a las urnas dos millones de personas, necesita
100.000 votos. Pero si además hay 150.000 sufragios en blanco, precisa 7.500
más. Por eso se suele decir que el voto en blanco favorece a los partidos
mayoritarios.
¿Qué sucedería si en unas elecciones ganara el voto en
blanco? En principio, nada. Ganaría el que más votos al uso obtuviera. Muy
interesante resulta la reflexión al respecto que José Saramago hizo en 'Ensayo
sobre la lucidez', donde imaginó cuál sería la reacción de los gobernantes ante
una 'revolución' de estas características. En la recreación del Nobel
portugués, los políticos no salen muy bien parados: optan por la dictadura y la
represión.
VOTO NULO
La legislación se ha endurecido en este aspecto y ahora se
considera nulo el voto que no tenga sobre o el que teniéndolo contenga más de
una papeleta de distintas candidaturas.
También se consideran nulos aquellos en los que se modifique,
añada o tache el nombre de los candidatos, o en los que aparezca cualquier
alteración intencionada, como una raya o una expresión. Todas estas
prohibiciones afectan tanto a la papeleta como al sobre.
Los votos nulos no tienen ninguna consecuencia electoral. No
suman. Al final del escrutinio se da fe de cuántos se han producido y ya está.
Entonces, ¿a quién beneficia? Es difícil de decir, el voto no
se cuenta a ningún efecto, pero diría que perjudica al partido ganador en las
elecciones".
ABSTENCIÓN
La abstención es la alternativa de los más descontentos, de
aquellos a los que no sólo no convence ninguna opción política, sino que no
comulgan con un sistema que consideran poco representativo. También es la
opción de los desapegados, de aquellos que sienten que, voten o no, las cosas
van a seguir igual, y por lo tanto, no 'pierden su tiempo' en acudir al
colegio.
La abstención y la no participación es lo mismo. Es decir,
supone no introducir ninguna papeleta en una de las dos urnas -la autonómica o
la local- o no ir al colegio electoral.
No obstante, aunque las cifras de abstención suponen a veces
la mitad del electorado, la ley considera los resultados legítimos, incluso si
están avalados sólo por un 30% de los votantes.
No está claro a quién beneficia o perjudica la abstención,
si bien los estudios detectan que suele afectar más al votante de izquierda,
que se moviliza menos.
#LA LEY D'HONT
Esta fórmula, que data del siglo XIX, determina el reparto
de escaños en el sistema electoral español. Se basa en una sistema de
asignación proporcional que busca garantizar la representación de las minorías
territoriales, para lo que 'premia' la concentración de votos. Así, termina
favoreciendo a los grandes partidos nacionales y a los nacionalistas, en
detrimento de las formaciones pequeñas.
Especialmente elocuente resulta el caso de Izquierda Unida,
formación que con casi un millón de votos (repartidos por todo el territorio
nacional) sólo cuenta con menos escaños, que los nacionalistas, pese a que el
número de sufragios registrado es ostensiblemente inferior.
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