Francisco Polonio Luque. Paquillo Moreno. En realidad así es
como lo conoce todo el mundo en Montilla. El sobrenombre le viene de su padre y
a éste, de su abuelo. Paco Moreno tiene una sonrisa afable y un trato cordial y
cariñoso.
La gente lo admira y respeta por lo mucho que ha hecho por
el fútbol y el deporte local durante toda su existencia. A su lado han crecido
y madurado incontables chavales. Les enseñaba a jugar al balompié, los llevaba
a pueblos sin que importara la distancia cada fin de semana, y conquistó con
ellos incontables méritos deportivos, entre otros el meteórico ascenso a la
Liga Nacional de Juveniles, un hito sin precedentes en la historia de esta
ciudad tan poco dada a presumir y preservar sus logros y la hazaña con el fútbol femenino en la segunda división nacional junto a su hijo. Ambos
impulsores del fútbol femenino en Montilla.
En su biografía, naturalmente, abundan los éxitos obtenidos
en el terreno de juego como monitor y preparador físico. Tanto es así que falta
sitio en su casa para albergar la colección de trofeos, medallas y diplomas
distribuidos en estanterías, vitrinas y repisas.
Pero las habilidades de Paco, por notorias y ejemplares que
sean, no se quedan restringidas al terreno deportivo. La vida le ha deparado curiosas y singulares hazañas
dignas de figurar en una novela de aventuras en sus trabajos como albañil por
media España y muchos países extranjeros
el más lejano el Golfo de México. Sin duda todo un ejemplo a las generaciones futuras de un hombre de
gran valía respetuoso con los demás, honesto, humilde que se desvive por su
familia y amigos.
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