Durante la
Semana Santa, Montilla se transforma para rememorar la Pasión, la Muerte y la
Resurrección de Jesús de Nazaret con sus singulares desfiles procesionales,
durante los cuales se reviven escenas y episodios de La Biblia, dando lugar a
un espectáculo popular único.
El quehacer diario de las hermandades, la ingente cantidad
de actos religiosos y culturales que promueven a lo largo de todo el año y el
gran número de proyectos de carácter social que se acometen han erigido a la
Semana Santa en el primer núcleo asociativo de la ciudad. Una efeméride que,
además, permite reunirse a familias enteras. Porque la Semana Santa de Montilla
no es sólo una sucesión de procesiones, sino un abanico de impresiones y
experiencias intransferibles atadas a los repliegues de la memoria.
El origen de la Semana Santa de Montilla
Hablar del origen de la Semana Santa de Montilla es hacerlo,
inevitablemente, de la génesis de su hermandad primigenia: la Cofradía
Penitencial de la Santa Vera Cruz, cuyas primeras referencias históricas datan
de la primera mitad del siglo XVI. Posteriormente, surgen las hermandades de
Nuestra Señora de La Soledad, en 1588, y de Nuestro Padre Jesús Nazareno, en
1590, cuyos titulares se han convertido, a lo largo de los siglos, en dos
auténticos puntales de la religiosidad popular, despertando la devoción entre
las generaciones montillanas.

Hoy son doce las hermandades que celebran estación de
penitencia y 28 los pasos o tronos que pueden contemplarse durante la Semana de
Pasión, con imágenes tan antiguas como la del Cristo de Zacatecas –que llegó a
Montilla procedente de México en 1576–; el Cristo de La Yedra –al que la
tradición popular le atribuye haberle hablado a San Juan de Ávila–; Jesús
Nazareno; el Amarrado a la Columna; El Rescatado; el Santo Entierro; el Cristo
del Perdón; el Señor de la Humildad y Paciencia; las vírgenes de Las Angustias,
La Soledad, La Esperanza, La Caridad, La Estrella o La Paz… Imágenes, todas
ellas, que conforman un elenco artístico y devocional majestuoso.
Una Semana de Pasión muy singular
Son muchas las particularidades propias de nuestra
celebración: ricos actos religiosos en Cuaresma, actos culturales únicos en
España –como la Sentencia Romana a Jesús–, pregones, recitales de saetas,
muestras gastronómicas…
En Montilla, la Semana Santa comienza el Viernes de Dolores
con la Ronda de Los Romanos y de la Agrupación Musical “La Unión”, que visitan
todos los templos de la ciudad para ofrecer flores y marchas a las vírgenes
titulares de las distintas cofradías. Al día siguiente, el Pabellón Municipal
de Deportes acoge la Representación Dramática de La Pasión, un espectáculo
inconmensurable en el que más de 400 personas ponen en escena, en 17 actos, la
Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

También destacan de la Semana Santa montillana la popular
Borriquita, la Presentación al Pueblo del Santísimo Cristo de la Juventud, el
tradicional Semidoble de Zacatecas –un toque de campana que sólo puede oírse en
la noche del Martes Santo– o el recogimiento que se vive durante la procesión
del Silencio, el Miércoles Santo. Un día más tarde, tiene lugar en la Plaza de
La Rosa el Prendimiento a Jesús Preso, una singular muestra de la teatralidad
barroca que impregnan muchas tradiciones andaluzas contemporáneas en la que
destaca la figura bíblica de Judas.

También es tradicional la colocación de la imagen del Cristo
de la Misericordia en su calvario en la madrugada del Viernes Santo aunque, sin
lugar a dudas, nuestra Semana Santa alcanza su punto álgido con la bendición de
Nuestro Padre Jesús Nazareno, una imagen que traspasa lo religioso
conformándose en un icono de la idiosincrasia montillana. Justo antes de la
última bendición, la Centuria Romana Munda escenifica La Lanzada a la imagen
del Cristo de La Yedra en una procesión bulliciosa que refleja a la perfección
la popularidad y la espontaneidad montillanas.
El Viernes Santo, al anochecer, tiene lugar la procesión del
Santo Entierro y de la Virgen de La Soledad, coincidiendo en la calle con la
Hermandad del Sagrado Descendimiento que, a lo largo de su cortejo, muestra la
huella indeleble que el Maestro Ávila dejó en esta ciudad. Por último, el
Domingo de Resurrección es ya tradicional el encuentro que protagonizan las
Tres Marías con el Señor Resucitado en la calle Gran Capitán.
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